Sueños Extremos: Personas que Salieron del Coma… Décadas Después.

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El coma evoca sin lugar a dudas uno de los destinos más aterradores a los que se puede enfrentar alguien. Imaginarse por un momento la posibilidad de que por enfermedad o por accidente pueda uno estar atrapado dentro de su propio cuerpo es una de las ideas más aterradoras y perturbadoras a las que uno se pueda enfrentar y todo un dilema para aquellos que tienen algún allegado en ese estado. Sin embargo no por ello deja de producirnos cierta fascinación ya que abre el camino hacia muchos interrogantes: ¿Qué es realmente estar en coma?, ¿hay atisbos de consciencia en ese estado?, ¿podemos escuchar lo que pasa a nuestro alrededor, experimentar dolor o sentir algo?, ¿cuáles son los casos más extremos?, ¿se puede volver de un coma? Inquietudes que intentarán ser respondidas en este post.

¿Qué es el coma y quienes son más propensos a tenerlos?

Conciencia y coma son parámetros difusos y no cuantificables  para el ser humano que encierran un profundo misterio en sí mismo. Los médicos no saben a ciencia cierta como estos pacientes pueden llegar a recuperar la conciencia ni muchos menos predecir cuando salen de un coma no inducido.

Según la Clasificación Internacional de la Salud, el coma es un síndrome que se caracteriza por una grave pérdida de conciencia debido a x circunstancias (drogas, disfunciones o lesiones del sistema nervioso central, traumatismos cráneo-encefálicos y anomalías metabólicas).

Podríamos pensar que estadísticamente el síndrome del coma se ceba más con aquellos que han tenido traumatismos cráneo-encefálicos, ocurridos por ejemplo en accidentes de tráfico, incluso los casos más extremos como veremos a continuación están protagonizados por personas que han tenido dichos accidentes, pero nada más lejos de la realidad. Las causas metabólicas son las más frecuentes entre ellas la hiperglucemia y la insuficiencia hepática o renal, o sea, los que tienen problemas con el alcohol y aquellos afectados por la complicación de diabetes tipo 2. Dicho sea de paso, según datos de la OMS, el número de personas con diabetes se ha multiplicado por 4 en apenas 35 años, pasando de 104 millones en 1980 a 422 millones en 2014.

Y ya que estamos, con respecto al alcohol, nada relevante que añadir… salvo que es la causa principal de muerte para un 25% de la población comprendida entre 20 y 39 años, según datos también de la OMS. 

42 años en coma (1970-2012): Edwarda O’Bara, Coma diabético.

Tres de cada 10 pacientes que despiertan de un coma, logran recuperar completamente sus facultades tanto físicas (motoras) como mentales. Lamentablemente el caso de la joven Edwarda O’Bara no fue uno de ellos. La historia es trágica y triste hasta el final, tanto para ella como para sus padres, unos padres admirables que no dejaron de luchar por su hija hasta el último de sus días.

Edwarda O’Bara nació un marzo de 1953, en Johnstown, Pennsylvania, hija de una modesta profesora de matemáticas llamada Kathryn  McCloskey y de un profesor de física llamado Joe O’Bara. Joe antes de ser físico fue un deportista de élite;  jugador profesional de fútbol americano en la universidad de Pittsburgh y boxeador profesional en la armada americana durante la II GM. Viendo la trayectoria de los padres de Edwarda, se podría afirmar con rotundidad de que la joven iba equipada con buenos genes, pero sin embargo eso no la salvó de tener diabetes tipo I, ni tampoco librarse de una neumonía que contrajo en plenas navidades, un 20 de diciembre de 1969. Tenía apenas 16 años. El 3 de enero de 1970, Edwarda se despierta a las 3 de la mañana con fuertes temblores acompañado de un intenso dolor, la insulina en forma oral no le hace efecto, su estado empeora  y es ingresada de urgencia en un hospital, su diagnóstico: Coma diabético.

Su familia se vuelca completamente con su hija. Su madre Kaye la mueve cada dos horas para prevenir llagas y ampollas en su cuerpo. También mantiene conversaciones con su hija y le pone música. Su padre Joe lo deja todo por ella, su trabajo y su carrera, pero lamentablemente este sufre un infarto en 1972,  4 años más tarde fallece a la edad de 50 años dejando a su mujer  Kaye sola en la lucha. En 2007 las deudas por los cuidados de Edwarda ascendieron a 200.000 $. Un año más tarde, Kaye fallece a los 81 años.

Kaye tenía otra hija: Colleen, la hermana pequeña de Edwarda. Colleen se hizo cargo de ella y de la fundación O’Bara.

Al final, Edwarda O’Bara muere en su casa de Miami Gardens, Florida, en Noviembre del 2012, a la edad de 59 años. Miles de personas de todo el mundo se congregaron alrededor de la casa de los O’Bara para rendirle respeto.

37 años en coma (1941-1978): Elaine Esposito, la niña que nunca más volvió a despertar tras una operación de apendicitis.

Elaine Esposito también merece mención aparte, puesto que está registrado en el Guinness de los Records como el caso de coma más largo:  37 años y 111 día, récord superado más tarde por Edward O’Bara, en 2012.

Elaine Esposito (Florida, EEUU), fue una niña normal, sana y seguramente bastante alegre, como lo son la gran mayoría de las niñas de su edad por no decir todas, pero tenía un pequeño problema: Apendicitis.  La operación en sí no entraña dificultad ninguna, aproximadamente el 7% de la población se somete a esa operación en algún momento de su vida, por lo tanto lo último que lo familiares de Elaine Esposito podrían esperar, es que su pequeña hija de 6 años jamás volviera a abrir los ojos. Casi terminando la operación, Elaine sufre convulsiones, su temperatura sube hasta los 42  °C, y los médicos se esperaron lo peor. Las causas de las complicaciones fueron motivos de debate, por una lado se dijo que la niña podía haber tenido encefalitis y otros apuntaron a que recibió poco oxígeno durante la intervención quirúrgica. Sea como fuere, lo que menos esperó Elaine y sus padres fue lo que acabó convirtiéndose en realidad, en una pesadilla: Elaine Esposito nunca más volvió a despertar.

La injusticia hizo que el hospital no se hiciese responsable de los gastos, por lo que pasado 10 meses, la familia tuvo que hacerse cargo de todos los gastos y cuidados de su hija, convertida ya en un vegetal por los mismos médicos que la atendieron. Hasta el último momento los padres siempre esperaron un milagro, un milagro que jamás llegaría. El padre de Elaine, que tenía múltiples trabajos para costearse los tratamientos de su hija, acabó muriendo de un cáncer en enero de 1978. Su hija Elaine, moriría también ese mismo año con la edad de casi 44 años.

20 años en coma (1984-2005): Sarah Scantlin, atropellada.

Sarah Scantlin (antes del accidente-después de su recuperación)

Su vida fue plasmada en un documental del Discovery, ocurrió en 1984, tenía 18 años y toda una vida por delante, una vida que se vio truncada por un fatal accidente. Un borracho al volante la atropelló, y Sarah acabó en el hospital con graves daños neuronales, hasta tal punto que los médicos tuvieron que extirparle parte de su cerebro, concretamente aquella región del cerebro que controla el habla. Tenía tantos daños encima que los médicos después de la operación pronosticaron de que ella jamás volvería a despertar, ni mucho menos a hablar. Un pronóstico que se cumplió durante los siguientes 20 años, hasta que pasó lo que nadie esperaba.

En 2005, Sarah no solo abre los ojos, sino que empieza a hablar. Lo primero que le suelta a una enfermera es si le podían hacer una manicura, y pocas horas después, Sarah Scantlin llama personalmente a sus padres para darles la noticia.

En este caso concreto, Sarah si fue consciente de algo durante esos 20 años, pudo ver y oír cuando se suponía que ella no tenía ningún tipo de conciencia. Pudo describir los hechos que todos conocemos como los ocurridos el 11 de septiembre del 2001. Ni que decir que los que verdaderamente se quedaron sin habla fueron los médicos que la atendieron y  la comunidad médica al tanto del caso, un caso que literalmente dio la vuelta al mundo, demostrando una vez más de que nos queda mucho por indagar y descubrir en ese gran desconocido que es el cerebro.

19 años en coma (1984-2003): Terry Walli, accidente de tráfico.

Terri Wallis

Es el caso del coma más largo en lo que a registro y documentación médica se refiere (Nature 2006). Esta es la historia de Terry Wallis, un mecánico de Arkansas que acababa de tener una preciosa niña con su mujer Sandi. Seis semanas después, con apenas veinte años de edad, las tinieblas del coma se ciernen sobre Terry: El 13 de Julio de 1984, un terrible accidente de coche acabaría pasándole factura, dañando irremediablemente su cerebro, quedando así atrapado en el oscuro reino de Hipnos y Tánatos durante 19 largos años… hasta que por fin pudo despertar.

Un milagro que nadie esperaba, ni siquiera la comunidad internacional de neurólogos que consideraban esta anomalía como un caso excepcional entre 300 millones. Y es que el milagro, no fue nada más (ni nada menos) que las infravaloradas capacidades que tiene el cerebro de autoregenerarse. Durante esos 19 años que estuvo postrado en cama, el cerebro de Terry creaba nuevas conexiones nerviosas hasta tal punto que pocos años antes de su recuperación, ya estaba manifestaba mejoras, estando a ratos despierto y ofreciendo signos de entendimiento, pero sin poder aún interactuar con su entorno.

2003, fue su despertar, a duras penas podía hablar, su primera palabra fue “mamá” y poco a poco, empezó a recuperar sus facultades mentales. Hoy a sus 53 años puede mover las piernas y el brazo izquierdo, pero no puede valerse todavía por sí mismo, no puede caminar ni alimentarse por sí mismo, a pesar de ello: “Es el mismo que antes y a menudo nos dice lo feliz que se siente de estar vivo”, afirmaba su padre en The New York Times.

Cuando se le pregunta a Terry Wallis, sobre si tiene algún recuerdo en sus dos décadas de vida en el hospital, este afirma no recordar nada: “Al despertar todavía pensaba que Reagan era el presidente”.

15 años en coma (1987-2002): Miguel Parrondo, accidente de tráfico.

Miguel Parrondo: Antes y después del coma (La Vanguardia)

Imagínese ser alguien que tiene la estupenda edad de 32 años y además hacerlo en medio de una de las mejores décadas de la historia, como son los añorados 80. Estamos en el año 87, usted no vive en un país cualquiera, sino en España, una nación con sus más y sus menos, pero indudablemente una década dorada también para este país, donde cualquiera con estudios y esfuerzo podía prosperar y aspirar a un buen puesto de trabajo, labrándose así un buen porvenir y sacar la familia adelante sin mucho apuro. Si ya lo se, nada que ver con la actual y manida crisis, azotada por una globalización que nadie ha pedido, donde el fruto de años de estudio y de esfuerzo para el ciudadano medio acaban “recompensados” en el mejor de los casos trabajando en el extranjero, posiblemente explotado en un restaurante de comida rápida por un miserable salario. Bien, a un lado esta pequeña pataleta, seguimos. Año 1987, imagínese ahora que usted es un informático y que tiene un buen puesto de trabajo en un banco, digamos el banco Pastor, y además gana 300.000 pesetas de la época, o sea, (permítame esta vulgar expresión) el puto rey del mambo. Pero una noche todo cambia.

Vuelve de una merecida juerga con su Renault 5 GT Turbo, un coche potente y de moda en esa época. No lo hace solo, está bien acompañado por dos bellas mujeres, pero algo sale mal, usted se confía demasiado y sale de una curva donde al final acaba estrellándose contra un muro. La aguja del cuentakilómetros se queda petrificada en la cifra 200. No muere en el acto, pero casi. Una de sus acompañantes desgraciadamente si fallece en el acto, la otra milagrosamente se salva y usted acaba en el hospital. Se encuentras en estado crítico y en coma, su padre, médico de profesión, es el ángel que vela por usted, evitando que desconecten las máquinas que le mantienen con vida: “la vida sólo la puede quitar Dios”, dice su progenitor a los compañeros de oficio cuando le sugieren “desenchufarle”. Ningún médico da una peseta de la época por usted, es lamentable lo se, y incluso su propio padre por si las moscas pide un sacerdote para la extremaunción.

El tiempo pasa, el mundo cambia, tiene usted mucha suerte, a pesar de haber pasado 15 oscuros años de su vida en la UVI, al final abre los ojos. Gracias a los cuidados médicos sale usted por fin del coma, estamos ya en el año 2002. Después de una necesaria y larga rehabilitación debido a decenas de secuelas físicas y operaciones a sus espaldas (un brazo suyo es sustituido por una prótesis), sales a la calle por tu propio pié, La chica que iba con usted en el Renault 5, esa que sobrevivió al accidente, le reconoce y os dais un abrazo entre lágrimas. Han pasado 15 años, tiene usted ahora 47 años a sus espaldas y el mundo no solo ha cambiado radicalmente, sino que se ha vuelto absurdo ante sus ojos: “¿Dónde está ahora la peseta? ¿Qué coño es eso del euro?”, “La gente está loca, habla sola por las calles”, ¿Una mujer en un coche de policía? ¡Parece carnavales!”, “¿CD, mp3… dónde está el dichoso radio-cassete?”, “¿Alemania es una sola?, “Chequia, Montenegro, Eslovenia. ¡Pero que países son esos! ¿Qué ha sido de la URSS y Yugoslavia?”.

Fin del ejercicio de imaginación querido internauta, esta historia, que bien podría ser la base de una divertida novela que invitase a la reflexión, no es fruto de un ejercicio de nuestra imaginación, sino que linea por linea, párrafo por párrafo de lo aquí expuesto, fueron la vida y las palabras de Miguel Parrondo, un coruñéz que vivió en sus propias carnes esta desagradable aventura en su propia ciudad natal.

El caso de Miguel Parrondo es diferente a cualquier otro caso visto por ahora. El camino tras el coma es o bien la muerte, estado vegetativo o en pocos casos la recuperación. Cuando “afortunadamente” esto último acontece, lo normal es que queden secuelas graves y no vuelva uno a ser el mismo de antes. Cosas cotidianas como no volver a valerse por sí mismo, motricidad reducida, facultades mentales mermadas, es lo que podemos esperar al despertarse de un coma tan prolongado, afortunadamente para Miguel no fue sido así, a pesar de sus secuelas y la pérdida de uno de sus brazos. Es por ello lo que hace su caso tan especial y anecdótico.

Cuando se le pregunta a Miguel Parrondo si tiene algún recuerdo en esos quince años de oscuridad, este responde con absoluta sinceridad: “Pues te seré sincero: ninguno, absolutamente ninguno, es un periodo de mi primera vida que está absolutamente en blanco”.

 

 

 

 

 

Ronny Petersen Kamp
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De ascendencia alemana y criado en España, realizó diversos estudios relacionado con ramas técnicas como “Técnico Superior en Sistemas de Regulación y Control Automáticos” y “Técnico Superior en Sistemas de Telecomunicaciones e Informáticos”, ambos realizados en la escuela Saleciana de San Juan Bosco, Tenerife.
Después de residir y trabajar en diversas CCAA de España (Canarias, Andalucía y Baleares), en 2012 vuelve a Hamburgo, su ciudad natal, obteniendo en apenas 7 meses la titulación académica de “Oficial Electricista Orientado a las Energías y Tecnologías de Construcción” (formación que en Alemania requiere cerca de 4 años y medio). Actualmente se gana la vida como electricista, alternando esta actividad con otras como la de traductor y/o profesor de Español-Alemán. Es también un apasionado de la fotografía y el mundo del misterio, así como amante de la lengua castellana y la lectura, razón y motivo por la cual existe este humilde espacio web.

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