La Conspiración de la Jornada Laboral de 40 Horas Semanales (II)

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Inflación.

Digamos que en este año el Gobierno Federal de los EEUU necesita financiación para poder seguir engrasando su maquinaria bélica. Para conseguir tal propósito acuden a la Reserva Federal (Fed.). Una vez obtenido el préstamo, el Gobierno de los EEUU esta obligado a emitir deuda (“Treasury Bond”) por lo que empieza a imprimir una hartada de “papeles” en forma de bonos del estado (“Bonds”). Estos Bonds son puestos a la venta en cantidades proporcionales a la deuda contraída con la Fed. Mientras tanto, el Banco Emisor de los EEUU imprime al mismo tiempo otro tipo de papeles: El dinero que todos conocemos.

Gobierno y Banco Emisor realizan un peculiar trueque  —los “Bonds” por el dinero— y el Gobierno EEUU deposita ese nuevo dinero en otro banco, con el fin de obtener de nuevo beneficios en forma de intereses. Voilà! hemos creado dinero de la nada. A pesar de que este proceso se produce electrónica y digitalmente de forma inmediata (solo el 3% de nuestro dinero se encuentra de forma física mientras el 97% restante está en los servidores informáticos o —nunca mejor dicho— “en la nube”), el problema radica en que el valor del Dólar, obviamente decae.

 

EN ESPAÑA SE TUVO BIEN CLARO LO QUE SUPUSO EL CAMBIO DE MONEDA

 

Históricamente (y no hace mucho de ello) el valor de la moneda estaba en directa proporción con el patrón oro y de ahí se sacaba el valor real del dinero. Hoy en día el valor de nuestro dinero es confiado a entidades oscuras y abstractas como es en este caso el Banco Emisor de los EEUU, Banco Mundial o el FMI que no tienen problema moral ninguno a la hora de disminuir el valor de la moneda, y por lo tanto imprimir mas dinero del que hay (esto en términos legales se llama “falsificación”).

¿Qué tiene esto que ver con la moderna esclavitud laboral de >40 horas semanales? Pues que a través de las deudas, se produce la inflación: Los bancos devalúan el dinero de los ciudadanos cada vez que se produce una transacción, reduciendo así el valor mismo de nuestros ahorros. A efectos prácticos, el ciudadano tiene que echarle más horas al curro para poder mantener su poder adquisitivo, porque el dinero con el tiempo, como ya sabemos, no gana valor, sino al contrario: lo pierde.

Desde que se creó la Fed. en 1913 el valor del Dólar americano ha caído con la inflación de forma dramática como podemos ver en este gráfico. ¡Un 99,95%!

Deuda.

Sabemos que el dinero generado a través de los préstamos genera deuda, por lo tanto dinero es sinónimo de deuda y deuda es sinónimo de dinero: cuando más dinero hay, mas deuda existirá (y viceversa). Esto ya debería ser de conocimiento popular gracias a la cantidad de videos colgados en youtube sobre el tema y de “expertos” económicos de la crisis dando explicaciones magistrales sobre el tema (curiosamente ninguno de estos “expertos” fueron capaces de predecir lo que se les venía encima). Esto nos lleva a una conclusión curiosa: Si el Gobierno Americano y cada uno de los ciudadanos endeudados pudiesen de alguna forma pagar sus deudas, no veríamos ningún Dólar en circulación.

Los interesen juegan un factor importante en esta ecuación. Cuando se acepta un préstamo y el banco te lo concede (de un dinero que no existe, ya que son meros apuntes contables), se espera que el cliente pague por ello una serie de intereses. Cuando por ejemplo el dinero prestado del Banco Emisor EEUU se crea ¿De donde viene entonces el dinero de los intereses? Respuesta: de ninguna parte.

Esto significa que pase lo que pase, al país nunca le será posible liberarse de las ataduras de la deuda. Y esta es la intención de este esmerado y calculado Sistema. Como si de una  moneda lanzada al aire se tratase, siempre le tocará a alguien declararse en bancarrota, para así compensar o equilibrar los intereses, con el que saldar las deudas.

Aunque se ponga como ejemplo EEUU, este fenómeno es una epidemia global, y parte precisamente de los acuerdos de “Bretton Woods” (1944).

Si las naciones y países que sigan este juego, siguen cayendo en este pozo sin fondo y el costo de la vida siga subiendo, va a ser cada vez más complicado en esta sociedad no solo ya vivir, sino sobrevivir. Este intento desesperado por sobrevivir, junto con la desazón de no poder cambiar el Sistema, es el motivo del porque aceptamos sin rechistar jornadas laborales de +40 horas… y lo que nos echen encima.

¿Cómo sacan provecho bancos y empresarios, de estas interminables jornadas laborales de +40 Horas semanales?

Hay estudios que concluyen tajantemente, que un trabajador medio con una jornada inflada de diez horas, rinde menos que uno que trabaja 5 horas al día o incluso menos. Pero a pesar de ello los beneficios de los empresarios no paran de aumentar mientras se recortan los sueldos. Las ganancias de las empresas nunca han sido tan altas como lo eran hacen 85 años atrás. Entonces ¿Porque no se nos remunera más a los trabajadores? ¿Porque no nos quitan horas laborales para  así también dar puestos de trabajo a aquellos que lo necesita? Esto no conduce al siguiente punto: Consumismo.

Consumismo.

El consumismo es una creencia que nos dice que es bueno para el hombre y para la economía gastar excesivamente (e innecesariamente) para obtener a cambio bienes, productos y servicios. Cuanto más compramos, mas nutrimos a las empresas, corporaciones y bancos, que a su vez se aprovecharán de esta situación para volver a saquearnos económicamente, una pescadilla que se muerde la cola. No es noticia que la sociedad desde generaciones, esta siendo manipulada sistemáticamente con técnicas psicológicas de marketing, para que sigan el juego que dicta los mercados y compren aún mas. Se puede manipular los deseos de los consumidores no solo para que compren más, sino para que consumen aquello que les es impuesto de forma subliminal, un divertido juego para dichas empresas de marketing. Los eslóganes escuetos pero contundentes, funcionan de maravilla:

“Cómprelo ahora, páguelo después” — Hace casi un siglo de ello, en EEUU, los bancos dieron luz verde a la concesión de créditos a sus propios ciudadanos para incentivar el consumo. En esa época, concretamente en 1919, se funda la “General Motors Acceptance Corporation” (GMAC), que aprovechando esta iniciativa de los bancos y para subir las ventas de sus vehículos adoptan este eslogan. Fueron los americanos los que empezaron con ello, a usar las nuevas tarjetas de crédito para todo (“Charge it!).

Dando un salto grande  dejando atrás las sucesivas crisis como el Crack del 29, y la 2GM, nos vamos a los 70 para centrarnos en la expansión de las tarjetas de crédito. En esa década las empresas enviaban cantidades industriales de ellas a todos aquellos que ni siquiera las habían solicitado, pero los ciudadanos americanos, adoctrinados con “cómprelo ahora, páguelo después” o “más es mejor”, le cogieron el gustillo a eso de comprar todo aquello que, en condiciones normales, no se hubiesen atrevido a comprar bien porque no lo necesitaban o bien porque no tenían el dinero para ello. Esta claro que desde una perspectiva de tercera persona, la acumulación de deudas es algo preocupante, pero a los mismos norteamericanos se las traían al pairo. El despiporre general llegó hasta tal punto que el Congreso americano tuvo que tomar tarjetas cartas en el asunto, sacando leyes que regulasen y prohibiesen el envío masivo de estas tarjetas. La jornada laboral de 40 horas semanales es la última herramienta que tienen las empresas, en perpetuar esta cultura del consumismo exacerbado.

 

 

 

Una cuestión que pocos se habrán planteado, pero está más que estudiado que ante la falta de tiempo para nosotros mismos, uno es más propensos a consumir productos y servicios relacionados con el entretenimiento y el confort (muebles, televisores, portátiles, tabletas, Wii/X-BOX/PS4, electrónica de consumo, artículos de lujo, ropa, coche nuevo, etc) porque encajan más con la actividad sedentaria de casa al curro y viceversa. Si por el contrario tuviéramos mas tiempo para nosotros y para los nuestros, nos dedicaríamos más a actividades que son gratuitas (caminar, excursiones, entrenar, leer, meditar, deportes, hobbies, etc.), por la sencilla razón de que demandan y exigen mayor cantidad de tiempo. En resumidas cuentas el consumidor “perfecto” es aquel que trabaja a tiempo completo, gana un buen sueldo, se permite caprichos en su tiempo libre y sobre todo, le cuesta llegar a finales de mes con algo ahorrado.

Miremos por donde lo miremos, por mucho que nos hastiamos de leerlo y de escucharlo, lo cierto es que la sociedad se ha ido convirtiendo gradualmente en una sociedad insatisfecha, zombificada y sobreexplotada laboralmente. Escondemos nuestras inseguridades, omitimos hablar de ciertos temas, llenamos ese vacío saciando nuestros impulsos y necesidades psicológicas comprando cosas. En manos del consumidor está, el ponerle coto a este caduco y siniestro Sistema, que está poniendo en jaque no solo a la propia sociedad tal y como la conocemos, sino al planeta entero.

Fuentes:

Ronny Petersen Kamp
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De ascendencia alemana y criado en España, realizó diversos estudios relacionado con ramas técnicas como “Técnico Superior en Sistemas de Regulación y Control Automáticos” y “Técnico Superior en Sistemas de Telecomunicaciones e Informáticos”, ambos realizados en la escuela Saleciana de San Juan Bosco, Tenerife.
Después de residir y trabajar en diversas CCAA de España (Canarias, Andalucía y Baleares), en 2012 vuelve a Hamburgo, su ciudad natal, obteniendo en apenas 7 meses la titulación académica de “Oficial Electricista Orientado a las Energías y Tecnologías de Construcción” (formación que en Alemania requiere cerca de 4 años y medio). Actualmente se gana la vida como electricista, alternando esta actividad con otras como la de traductor y/o profesor de Español-Alemán. Es también un apasionado de la fotografía y el mundo del misterio, así como amante de la lengua castellana y la lectura, razón y motivo por la cual existe este humilde espacio web.

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