Cementerios con Estilo y Historia en Hamburgo

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Ya lo sé, suena bastante friki el pasearse por los cementerios con cámara en mano, es algo que en ciertas CCAA de España, donde he tenido la oportunidad de estar, jamás se me habría pasado por la cabeza. Salvo excepciones como el cementerio de Chiclana en Cádiz, el de Bilbao, el de Mataró en Barcelona o alguno que otro en el que no he tenido la oportunidad de estar, el resto de los cementerios tira a uno para atrás si vamos con la sola intención de visitarlos, ya que sigue el típico patrón de cementerio conformado por pisos con ristra de nichos, común en zonas donde escasea el suelo o se especula con el mismo y sobre todo, cuando la cremación no está a la orden del día. Por cierto, al respecto de los nichos, una moda y negocio funerario que he podido observar en España, es el imprimir digitalmente el careto del difunto en la lápida del nicho, algo que da yuyu nada más verlo, no se, como sacado fuera de contexto, un pelín bizarro para mi gusto, pero ¿quién soy yo para juzgarlo? De gustibus non est disputandum, o lo que es lo mismo, sobre gustos no hay nada escrito.

Si uno es algo aprensivo, dicho yuyu aumentará exponencialmente cuando algunos nichos no están todo lo bien sellados como deberían de estar, apareciendo moscardas revoloteando alrededor de una especie de líquido color cobrizo oscuro. Me imagino en verano, con el calorcito y la humedad tiene que ser una pasada si te pilla una brisa traicionera de esas que transporta ciertos olores fétidos y nauseabundos (que no necesariamente tienen que ser el fruto de la putrefacción de coronas de flores), y ahí es donde uno lo flipa literalmente en colores… poco antes de echar la pota. En un contexto poco romántico como este y poco antes de salir por patas, se queda uno petrificado por unos eternos segundos, mirando tontamente como las moscardas bailan alrededor de la imagen digital del difunto, como si de una tarjeta de visita impresa en mármol se tratase. Esta claro que los cementerios suelen oler, vamos que nadie espere entrar en un cementerio de estos y encontrarse con querubines y ninfas encima de las ramas de los pocos árboles que ahí quedan, rociando todo con Brise un toque, tampoco eso, pero personalmente si he  tenido que enfrentarme a esa desagradable experiencia y denunciarlo ante el sepulturero de turno por aquello del peligro para la salud pública.

Antes de que se me disparé aún mas la vena poética, vámonos a algo más agradable, como algunas fotos de cementerios históricos del Norte de Europa, donde en algunos de ellos hasta da gusto perderse entre ellos, como el cementerio de Ohlsdorf, en Hamburgo (el camposanto rural más grande del mundo, dicho sea de paso), auténticos parques naturales con historia y arte a sus espaldas, o otros cementerios que no me pillan tan lejos de casa, como el Camposanto antiguo de Niendorf.

Este tipo de cementerios es ideal para poner a prueba el fotógrafo que llevamos dentro. Gracias al contraste y a la diversidad de elementos que encontramos en un camposanto (cielo, elementos arquitectónicos antiguos, lapidas, vegetación, estatuas, etc), hace que también sea una delicia para los amantes y aficionados a la fotografía infrarroja, aquella en donde la franja del espectro de luz está comprendida entre 700 y 1200 nanómetros.

Lo cierto es que tengo todo un repertorio de fotografías sacadas de diferentes camposantos del norte de Europa (Alemania, Dinamarca y Suecia) que ya las iré colgando cuando la dicha sea buena, pero antes me gustaría contar una pequeña historia, la historia de un ángel al que en plena flor de la vida le fueron injustamente arrebatadas sus alas, las alas de la vida.

© Ronny PeKa (2015) iPhone 5

El nuevo cementerio de Niendorf, a pocos kilómetros del aeropuerto, tiene casi un siglo a sus espaldas y viene a ampliar el viejo camposanto de Niendorf (construido en 1840). Este “reciente” cementerio está también construido en plan parque, una verdadera delicia pasear por ahí cuando uno busca desconectarse, en busca de algo de paz interior.

La primera vez que estuve ahí me llamó la atención un pequeño y bonito santuario, formado por un pequeño jardín (siempre cuidado) con un robusto banco para sentarse, en un extremo y en el otro una linda estatua de mármol rosa, una figura que representaba a una bella mujer, sentada, cuya mirada acompañada por una leve sonrisa se pierde en su regazo, donde tiene un gato al que acaricia con dulzura. A su lado derecho un libro, más a la derecha una lápida. A medida que me iba acercando, podía fijarme mejor en los detalles, como una dedicatoria que se encuentra debajo de la figura:

“Mache dich auf werde Licht denn dein Licht kommt”: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz (Isaias 60)”.

© Ronny PeKa (2015) iPhone 5

En la lápida un nombre de mujer, Katherina Weischer (13.5.1982-17.9.2003). No cabía duda ninguna, dicho santuario, dicha estatua, estaba dedicada a la memoria de una chica que para el resto de la posteridad se había quedado anclada en sus 21 añitos.

La gente normal se emociona con el youtube, con el futbol o con alguna que otra telenovela, yo no recuerdo ningún momento en el que hubiese llorado por cosas mundanas, pero sin embargo ahí estaba, y no se me ocurre nada mejor que sentarme en el banco y observar la estatua mientras alguna que otra lágrima recorría mis mejillas. Una sensación de tristeza se adueñó de mi, lleguando a empatizar con ese ángel que no había conocido en vida, al que el destino y la fatalidad le dejaron con la miel de la vida en los labios. También empatía con los familiares, con los padres, y es que para hacer un santuario como ese, no solo hace falta dinero, sino un amor directamente proporcional al dolor de haber perdido a un hijo que jamás volverás a ver, un buen bocado de tu alma arrancado de las entrañas de tu mismísimo ser, sin piedad y sin previo aviso.

Después de salir de ese schock empático, recuerdo haber hecho algunas gestiones para mas tarde, en la penumbra acogedora de mi hogar y aderezado con una taza de café, realizar una búsqueda por internet sobre quien fue Katherina Weischer, y lo que me más me inquietaba ¿Qué pasó para que su vida terminara bruscamente de esa manera? Después de varias pesquisas encontré lo que buscaba.

Katherina era una mujer joven que amaba los animales, como bien se puede apreciar en la foto, tenía un perro callejero llamado Rudi y un gato al que llamaba Timmy.

Hamburgo 2003, Katherina va en bicicleta, de camino hacia el disfrute de su deporte favorito, el tenis de mesa o ping-pong. Esta joven jamás se le hubiera pasado por la cabeza el que precisamente ese día, ese fatídico 17 de septiembre, jamás llegaría a su destino… ni mucho menos volver del mismo sana y salva, junto a su familia y seres queridos.

La ironía del destino o del libre albedrío se pusieron de acuerdo para que un vehículo destinado a salvar vidas se cruzara con la suya. Lejos de salvar su vida, lo que hizo fue todo lo contrario: acabar con su propia existencia. El espejo exterior derecho una ambulancia en servicio, chocó sin piedad contra la cabeza de Katherina. Ella pierde la consciencia en el acto y acabó desplomándose en la calzada. El impacto fue tan brutal, que el destino no le dio la oportunidad de que despertase de nuevo, cerrando así los ojos para siempre. Ni el personal sanitario de dicha ambulancia, pudieron hacer nada para enmendar su craso error. Un caprichoso infortunio del destino, que no deja de ser uno más de los tantos que desgraciadamente acontecen a diario en este desquiciado planeta, solo cambia el lugar, el nombre de las víctimas y las circunstancias…

 

Dedicado a la  memoria de Katherina Weischer (1982-2003)

 

Ronny Petersen Kamp
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De ascendencia alemana y criado en España, realizó diversos estudios relacionado con ramas técnicas como “Técnico Superior en Sistemas de Regulación y Control Automáticos” y “Técnico Superior en Sistemas de Telecomunicaciones e Informáticos”, ambos realizados en la escuela Saleciana de San Juan Bosco, Tenerife.
Después de residir y trabajar en diversas CCAA de España (Canarias, Andalucía y Baleares), en 2012 vuelve a Hamburgo, su ciudad natal, obteniendo en apenas 7 meses la titulación académica de “Oficial Electricista Orientado a las Energías y Tecnologías de Construcción” (formación que en Alemania requiere cerca de 4 años y medio). Actualmente se gana la vida como electricista, alternando esta actividad con otras como la de traductor y/o profesor de Español-Alemán. Es también un apasionado de la fotografía y el mundo del misterio, así como amante de la lengua castellana y la lectura, razón y motivo por la cual existe este humilde espacio web.

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